La historia de la casona se inicia cuando era parte del antiguo Fundo Las Vacas. Su primer dueño fue Javier García Huidobro Eyzaguirre y luego lo hereda su hija Marta. Al poco tiempo lo vende a los hermanos Francisco Javier y Alfredo Riesco.
La historia de la casona se inicia cuando era parte del antiguo Fundo Las Vacas. Su primer dueño fue Javier García Huidobro Eyzaguirre y luego lo hereda su hija Marta. Al poco tiempo lo vende a los hermanos Francisco Javier y Alfredo Riesco.
Tras el fallecimiento de Francisco Javier Riesco -quien se había convertido en su único dueño, heredó la propiedad su hijo Alberto. En ese entonces, el Fundo Las Vacas era una gran extensión de tierra fértil: 390 cuadras regadas y 5.000 de cerros, con cultivos variados; una lechería con 100 vacas y una producción de 20.000 fardos de alfalfa. Todo impulsado por una moderna turbina de 30HP. El lugar contaba con bodegas, galpones, viviendas para trabajadores y hasta luz eléctrica, lo que no era menor en esa época.
Alberto Riesco vendió el Fundo Las Vacas a la Compañía Chilena de Tabacos, que se estableció en el sector para la explotación de plantaciones de tabaco. Esta imponente residencia no sólo albergó a los administradores y sus familias, sino también a la servidumbre, contando con 36 habitaciones distribuidas en su interior.
La Caja de Colonización Agrícola compró la propiedad -que había sido ampliada con tierras vecinas- por más de 6 millones de pesos y lo transformó radicalmente: parceló la parte plana y regada, entregando tierras a nuevos colonos. Un año después se formalizó este cambio con escrituras ante notario en Santiago y, desde entonces, el histórico fundo adoptó el nombre que perdura hasta hoy: La Colonia.
La casona fue cambiando de dueño muchas veces a lo largo del tiempo. Uno de los primeros propietarios conocidos fue Alfredo Figueroa, cuyos herederos la vendieron a Manuel de la Puerta. Posteriormente su hermana heredó la propiedad y se la vendió a Juan Mena, quien finalmente la traspasó a Wenceslao Lobos -el último propietario antes de don Patricio Collao.
Don Patricio Collao concreta la compra de la casona, con la idea de restaurarla y desarrollar un proyecto agrícola en sus tierras (9,5 há) Los años no habían sido benévolos con “El Chalet”, que yació mucho tiempo en el abandono, víctima del deterioro y saqueos.
Se inicia el proyecto de plantación de viñedos, dando forma así al sueño de don Patricio: producir y elaborar vinos que reflejaran fielmente la tierra que lo vio crecer. Un año después (2024) don Patricio fallece repentinamente, y son sus hijos – Patricio y Diego-quienes concretan el anhelo de su padre, creando Viña Casa Padic.
La historia de la casona se inicia cuando era parte del antiguo Fundo Las Vacas. Su primer dueño fue Javier García Huidobro Eyzaguirre y luego lo hereda su hija Marta. Al poco tiempo lo vende a los hermanos Francisco Javier y Alfredo Riesco.
Tras el fallecimiento de Francisco Javier Riesco -quien se había convertido en su único dueño, heredó la propiedad su hijo Alberto. En ese entonces, el Fundo Las Vacas era una gran extensión de tierra fértil: 390 cuadras regadas y 5.000 de cerros, con cultivos variados; una lechería con 100 vacas y una producción de 20.000 fardos de alfalfa. Todo impulsado por una moderna turbina de 30HP. El lugar contaba con bodegas, galpones, viviendas para trabajadores y hasta luz eléctrica, lo que no era menor en esa época.
Alberto Riesco vendió el Fundo Las Vacas a la Compañía Chilena de Tabacos, que se estableció en el sector para la explotación de plantaciones de tabaco. Esta imponente residencia no sólo albergó a los administradores y sus familias, sino también a la servidumbre, contando con 36 habitaciones distribuidas en su interior.
La Caja de Colonización Agrícola compró la propiedad -que había sido ampliada con tierras vecinas- por más de 6 millones de pesos y lo transformó radicalmente: parceló la parte plana y regada, entregando tierras a nuevos colonos. Un año después se formalizó este cambio con escrituras ante notario en Santiago y, desde entonces, el histórico fundo adoptó el nombre que perdura hasta hoy: La Colonia.
La casona fue cambiando de dueño muchas veces a lo largo del tiempo. Uno de los primeros propietarios conocidos fue Alfredo Figueroa, cuyos herederos la vendieron a Manuel de la Puerta. Posteriormente su hermana heredó la propiedad y se la vendió a Juan Mena, quien finalmente la traspasó a Wenceslao Lobos -el último propietario antes de don Patricio Collao.
Don Patricio Collao concreta la compra de la casona, con la idea de restaurarla y desarrollar un proyecto agrícola en sus tierras (9,5 há) Los años no habían sido benévolos con “El Chalet”, que yació mucho tiempo en el abandono, víctima del deterioro y saqueos.
Se inicia el proyecto de plantación de viñedos, dando forma así al sueño de don Patricio: producir y elaborar vinos que reflejaran fielmente la tierra que lo vio crecer. Un año después (2024) don Patricio fallece repentinamente, y son sus hijos – Patricio y Diego-quienes concretan el anhelo de su padre, creando Viña Casa Padic.